12/17/2013

1: Carta de Disculpa.

No tienes que leer esta carta, es enserio, si quieres no la leas, con que sepas que lo siento basta.
De verdad, puedes parar de leer en este momento si así lo deseas...

Querida:

Lamento no haber podido hacerlo, de verdad quería, lo juro. Cada día que es veintiséis y que es del mes doce me pongo así y de nuevo pienso en todas las estupideces que te dije antes de irte y en todas las cosas que no dije y me acongojo completo. Nada tiene sentido, enserio.
Estoy mirando la ventana mientras escribo esto, literalmente, de verdad no necesito ni mirar el teclado, sé perfectamente dónde está cada tecla y si me equivoco también lo sé y sino lo supiera da lo mismo; de verdad que ya todo me da igual.
Lo que veo es exactamente lo que veía ese día, un día tan perfecto como pudo haberlo sido ese día en que te fuiste. Sé que te escribo para sacarme del pecho esto que me mata, que me está matando, pero que no sé bien qué es. Sé que te escribo porque siento mis dedos moverse, eso hacen, y escucho cómo tocan las teclas apresurados y porque veo por la ventana y están las nubes como ese día, incluso ladra ese perro de la vecina como ese día, lo recuerdo pues estábamos en silencio, ese momento que estuvimos en silencio cuando debí haberte dicho tantas cosas.
No puedo enumerártelas, lo siento. De verdad lo siento, no sabes cuánto. Yo no sé cuánto. Pero sé que lo siento, lo juro.
Quiero que vuelvas, pero no tienes que hacerlo, ni hoy ni mañana; si quieres nunca vuelvas. Esto te lo estoy diciendo hoy, sé que es demasiado tarde y que lo más probable es que ya no tenga sentido para ti, ni estas palabras ni las que no dije esa vez o las que sí dije y fueron estupideces y mucho menos significarían algo todas las demás palabras que podría decirte, ya lo sé.
Pero quisiera que entendieras, al menos por mí, y si no quieres entender no lo hagas y ya, no tienes que hacerlo. Haz como que entiendes y con eso basta, no me debes nada y creo que ambos lo sabemos.
Lo que tendrías que entender es que debo escribirte y dejarte ir. Y es una majadería que te lo diga, lo sé. Te dejé ir, de verdad estoy consciente de eso, no creas que me he vuelto loco. Aunque probablemente me he vuelto loco, eso ya no lo sé, pero creo que sí, tendría que visitar un doctor pero eso no tiene sentido.
Tendría que haberte dicho lo que sentía, y aun siento, que son muchas cosas y por ti. Tendría que haberte hecho entender que te amo, pero que también puedo llegar a odiarte demasiado y no estaba seguro de cuál sentimiento era más fuerte y me asusté. Estaba muy asustado. Pero no es excusa, ya lo sé, sólo quería que supieras.
Ahora sé que me odiaba más a mí, al menos una vez que me di cuenta que ya no estabas empecé a sentir el odio que tenía, y tengo, hacia mí.
Tu amor pudo haberme salvado, pero no lo dejé entrar y lo lamento. Lo lamento por mí, ya lo sabes, yo soy el que perdió todo al perderte a ti.
Por ti estoy feliz y para nada lamento que te hayas ido, para ti debió ser lo mejor, estoy seguro, no tengo dudas.
Si quieres saber la verdad, cuando lamento haberte dejado ir es por mí y sólo por eso, tú no debiste haberte quedado en primer lugar; siendo sincero creo que si no me hubieras conocido hubiera sido mejor. Y lo digo por ti y nadamás por ti, para mí conocerte fue y será lo mejor, ahora lo sé y lo lamento porque ya nada tiene sentido. A este punto ya ni siquiera esta carta tiene sentido, traté de no ser egoísta luego de haberlo sido lo más que pude y esta carta, ahora que lo pienso bien, es puro egoísmo, lo siento.
Si quieres no la leas, lo escribiré al principio para que lo sepas desde entonces.
En fin, si llegaste hasta aquí: lo siento.
Lamento no haber podido hacerlo, hacer que te quedaras. Debí haberte detenido e intentarlo y abrazarte, porque eso querías.
Debí haberte mirado al menos, en lugar de mirar las estúpidas nubes que siguen ahí hasta el día de hoy después de tantos inviernos y sin embargo desde ese invierno ya no te he visto y me lamento cada día que es veintiséis y que es del mes doce, pues debí haberte escuchado en vez de escuchar los ladridos, lo sé ahora que es tan tarde y que estás tan lejos.
Ni siquiera sé qué tan lejos estás pero debes estar muy lejos; y no tengo tu número ni tu correo electrónico ni nada tuyo, de verdad, te llevaste todo, ni un rincón de esta casa guarda tu aroma y lo extraño y a la vez estoy feliz pues así puedo olvidarme de ti y todo lo que tiene que ver contigo pero es imposible no acordarme de las cosas que no te dije y las estupideces que sí me atreví a decir ese día, que fue un día como hoy, hace unos años.
De verdad lamento tu partida y lamento seguir aquí y no poder hacer más que escribirte esta estúpida carta.
Espero no mandarte una de nuevo, pero no te prometo nada.
Te la mando a casa de tu amiga pues sé que la visitas constantemente, sino es que vives ahí con ella, lo que espero que no sea así porque ella siempre te hace menos y la verdad es que eres mucho más que ella pero nunca te lo dije hasta hoy y si estás leyendo esta carta y eres su amiga, pues ya lo sabes.

Sinceramente, perdón.

Adiós.

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